Metiéndole el pito a mi novia en la azotea de la casa, ¡No hay nada más rico que llenarle la concha de leche a nuestra mujer!

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Tempranito, a las 5 de la mañana mi mujer estaba lavando nuestra ropa y haciendo oficio, yo estaba dormido cuando se despertó y me puse cachondo, así que cogí mi cámara, subí a donde estaba ella con toda la disposición de rellenarle esa sabrosa concha que tiene de semen. No quería que se lo metiera ahí arriba, nos podían ver los vecinos pero en realidad a mí no me importaba. Comencé a manosearlo por donde le gusta y en menos de lo que canta un gallo su conchita estaba como un rio, ¡Mojadisima! Después que le baje la camisa y le deje las tetas en el aire, se excito y accedió a mis morbosidades, dejándosela meter bien rico y sin condón allá arriba. ¡Uff! es una delicia mi dama, por eso la amo, ¡es deliciosa!